. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

2572. Viernes, 19 diciembre, 2014

 
Capítulo Dosmilésimo quingentésimo septuagésimo segundo: “Vi tantas liebres correr sin sentido que aprendí a ser tortuga y apreciar el recorrido”. (Marlene Dietrich, 1901 - 1992; actriz alemana).

La navidad es un tiempo de paz y amor en el que compartir momentos de felicidad y hermandad con todos tus seres queridos y bla, bla, bla,... vomito un arcoiris. Tiempo que dedicamos a predicar valores como la generosidad, la solidaridad y la comprensión comprando compulsivamente regalos que seguramente tampoco nos hacen falta, comiendo como si no hubiera un mañana y criticando a todo aquel con quien nos crucemos... empezando por la propia familia Y no, no soy un misterscrooge de turno, la navidad mola, aunque solo sea porque si te lo montas bien -y con un poco de suerte-, son dos semanas de vacaciones. Que empiezan hoy.

La navidad. Una época complicada. Muchas historias y muchas movidas que no son fáciles de sobrellevar sin salir mal parado. Porque, como decía un señor muy, muy listo, nada como las vacaciones de navidad para demostrar que la idea de una vida de placer está sobrevalorada.

Hasta el 7 de enero, que ya será, queramos o no, otro año.