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239. Miércoles, 10 diciembre 2003



Capítulo Ducentésimo trigésimo noveno: ¿Dónde van a parar los pedos que uno se contiene?



Al contrario que los óvulos en las mujeres (y que quede claro que yo no tengo la culpa de eso, simplemente que "lo que e... e"), el esperma del hombre no se agota.



Ni la edad, ni ningún tipo de actividad sexual, por frecuente que ésta sea, es capaz de acabar con la producción de espermatozoides. Sólo algunas enfermedades o lesiones pueden hacerlo.



Una eyaculación contiene entre 40 y 300 millones de espermatozoides, una cifra bastante ridícula si la comparamos con la del perro (entre 200 y 2.000 millones) o la del caballo (entre 5.000 y 25.000 millones), pero suficiente para que al final, alguno cumpla su cometido.



Pero no es lo más importante la "cantidad" sino la "calidad", que viene determinada por la movilidad de los espermatozoides, algo que se demuestra con una de las pruebas a la que los pacientes ponen menos reparo de todas las que existen -y son unas cuantas- en la seguridad social, y que consiste en masturbarse para realizar luego un espermograma.



Por cierto, tanto "cantidad" como "calidad" mejoran y mucho, cuando se "descarga" con frecuencia, igual da si se hace con la pareja o rindiéndole tributo a Onán, que el resultado, aunque hay que reconocer que sólo el resultado, es el mismo.



Y me quedo yo dándole vueltas a como habrán contado el número de espermatozoides de un caballo, bueno más bien a como se habrá masturbado el caballo para podérselos contar luego.