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148. Lunes, 30 Junio, 2003


Capítulo Centésimo cuadragésimo octavo: ¿A las cuatro de la mañana es demasiado tarde o demasiado temprano?



Hay un punto en la vida de toda persona, en la que su responsabilidad le lleva a tener que tomar decisiones drásticas aún sabiendo que van en contra de sus principios más íntimos.



Así, y en un acto de sacrificio supremo lleno de generosidad, he tenido que tomar una decisión que, aunque tremendamente dolorosa, no puedo dejar pasar más tiempo sin enfrentarme a ella: me voy de vacaciones.



Todos conocéis mi amor al trabajo, mi compromiso con él es tal, que un alejamiento, aunque sea solo temporal, va a causarme un inmenso y profundo sufrimiento que dejará secuelas imposibles de cicatrizar el resto de mi vida. ¡No sabéis como os envidio en estos momentos!, pero sé que me ha tocado a mi hacer el esfuerzo y lo asumo con orgullo.



¡Voy a echar de menos tantas cosas! Años delante de esta pantalla me ha costado que al ir al cine me pregunte si la configuración de la pantalla no mejoraría a 1024, "cienes y cienes" de días de kazaa para conseguir que busque desesperadamente el icono de ayuda cuando, viendo la televisión, quiero saber el argumento de la película; miles de días invertidos para que, cada vez que pase la página de un libro busque la barra espaciadora.. Momentos eternos e inolvidables a los que ahora tendré que renunciar de golpe.



Sé que también se pueden hacer muchas cosas en vacaciones, mi psicólogo de cabecera, a quien tanto quiero, al que tanto debo y que tanto me está ayudando en estos trágicos momentos de transición, no deja de añadirlas, en una lista que será mi catecismo durante estos quince días y que deberé de cumplir a rajatabla. Ante todo disciplina, ante todo conservar la dignidad.



Para mantener el ánimo alto en estos días me ha recomendado que me centre en cosas que sean capaces de elevar mi espíritu, actos que me realicen como persona, que me reconcilien con el universo más allá de lo superficial.



Estudiar detenidamente cada burbuja que se forma cuando mee, inventar un espejo transparente, hacerme un tatuaje con la impresora de agujas, llamar a Telepizza y pedir un Wopper, hacer las cuentas de los euros que gaste en números romanos. Las primeras cosas no parecen complicadas, pero el ánimo no acompaña.



Quince días pasan pronto, lo sé, es lo que todos me dicen mientras me dan palmaditas en la espalda, pero no sé si podré aguantar, aun no me he ido y ya noto los primeros síntomas, sin ir más lejos hace un rato, en uno de esos minutos en los que he soltado el teclado, me he sorprendido a mi mismo haciéndome una coleta con los pelos de la nariz. ¡Dios, que duro va a ser esto!



Pero soy fuerte y lo superaré, aunque cada vez que entre en el ascensor haga un doble clic, aunque cada vez que tenga que usar el retrete crea que le he dado al download, aunque sepa que el cachas musculoca del tanga oscuro no es un salvapantallas.



Y mientras los que habéis tenido más suerte que yo disfrutar felices y contentos gozando en vuestro trabajo. ¡Si supierais cuanto os envidio!. Hasta que uno no lo pierde no sabe lo que tiene de verdad. Deseando estoy que llegue el 16 de julio para volver, mientras acordaros de un desgraciado que se tuvo que sacrificar cogiéndose unas vacaciones. ¡Qué injusta es la vida para algunos!



Espero muchos comentarios de ánimo durante estos días, los voy a necesitar tanto como el comer, sé que estaréis ahí apoyándome y eso me dará fuerzas para superar lo que se me avecina. Gracias a todos.



Valor peluche, mucho valor, quince días pasarán enseguida, lo-se-pas.