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189. Martes, 30 Septiembre, 2003



Capítulo Centésimo octogésimo noveno: ¿Por qué las lunas de otros planetas tienen nombre, pero la de aquí se llama nada más "luna"?



Estamos casi en octubre y me siguen picando los mosquitos. No hay ni mosquiteras, ni insecticidas, ni "piretrinas" que valgan, hoy me he levantado con tres nuevos picotazos. Lo habitual.



Y sé que es lo que pasa, la culpa de que durante casi seis meses al año, me lo pase con el amoniaco en el bolsillo, lo tiene mi tan traída y llevada misoginia.



A ver, lo repito otra vez para todos los mosquitos que me estén escuchando: no considero a los animales del sexo femenino inferiores, si me apuran un poco hasta creo que son mucho más inteligentes a la hora de sobrevivir (el número de "viudas" sobre los "viudos" es concluyente), simplemente no me gustan. Una manía como otra cualquiera.



¡Ah!, claro, a estas alturas del post seguro que andáis un poco despistados sin ver relación entre mi misoginia y los ataques de los mosquitos, pues está clara, cada vez estoy más convencido de que son un ataque por esa manía al sexo femenino, al fin y al cabo sólo muerden las "mosquitas", es decir, los mosquitos hembras, esas que son las que necesitan la sangre para alumbrar sus huevos.



Y nada de chistes fáciles sobre que eso de que las "féminas" son siempre las que chupan la sangre no ocurre solo en el mundo de los mosquitos, que no quiero pasar lo que queda de semana rascándome.