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232. Viernes, 28 noviembre, 2003



Capítulo Ducentésimo trigésimo segundo: ¿Los primos en segundo grado pueden pasar a tercero si estudian?



Las mujeres tienen la regla una vez al mes pero se quejan de ello todo el día y todos los días. Los hombres tenemos que afeitarnos a diario pero no podemos quejarnos de semejante esfuerzo ni una sola vez al mes.



Está claro que cuando el hombre es el que va vestido de negro al matrimonio no es por casualidad y no digo yo que tengan razón lo que trae hoy un periódico sobre esos musulmanes que piden en Melilla, piscinas municipales separadas entre hombres y mujeres, dicen para que se respete su tradición y su cultura, pero vamos...



Y sí en lo de la regla la duda se limita a elegir entre compresa o tampón, en el afeitado las cosas son mucho más complicadas, si uno usa eléctrica el resultado va a ser pésimo, pero si uno usa cuchillas y tiene la cara un poco sensible, acaba como un cerdo después de la matanza.



Ya lo he probado todo, desde la simple maquinilla desechable a esas con tecnología tipo N.A.S.A. que cuestan un "güevo" y que los genios del marketing te venden como si te ofrecieran un aparato de alta tecnología: tres hojas, cabezal basculante mango ergonómico y hasta tiras lubricantes.. Pero nada, no hay manera, el final es siempre una sangría.



Eso sí, siempre están ellas que cuando te ven recién afeitado, con más cicatrices que el Frankestein, te sueltan eso de ¿"y por qué no te dejas crecer la barba, que algún día te vas a desangrar?..y uno se muerde la lengua para no soltarle, aunque sea finamente, alguna grosería sobre por qué ellas si pueden cortarse sus hemorragias, anunciandolo hasta en la televisión con cursilerias sobre "a que huele lo que no huele" (amosk!), Saldevas varias y hasta pregonando a bombo y platillo que un poco de chocolate es mano de santo para "esos días", que se empeñan en contar con todo lujo de detalles.