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299. Jueves, 18 Marzo 2004



Capítulo Ducentésimo nonagésimo noveno: ¿Por qué llaman ciempiés al ciempiés si solo tiene treinta pies?



Estoy deprimido, triste, apesadumbrado, abatido, hundido en la miseria. La realidad es tozuda y se está cebando en mis esperanzas de una manera atroz y cruel. Los hechos están ahí, son los que son, y han machacado para siempre mis esperanzas.



La afirmación, irrebatible por evidente, resulta, para un vago militante como yo, el mayor golpe que puede recibir en vísperas de un fin de semana con fiesta adosada, parece demostrado: los que trabajan mucho, viven más.



Entre los grupos de población que llegan a los cien años de edad y con un relativo buen estado de salud, están los abajasianos del Cáucaso, los hunzas de Pakistán y los pobladores del valle andino de Vilcabamba, en Perú. Todos con las mismas características: viven en ambientes con un aire muy puro, llevan una dieta muy hipocalórica y queman, lo poco que comen, trabajando mucho.



Tanto que trasteaban los alquimistas chinos con el cuento de cultivar el "chi", tantas pócimas con oro diluido en piedra filosofal que prometían los de la Edad Media, tanto armar con los injertos de testículos del mono, y ahora resulta que el elixir de la longevidad y hasta el de la eterna juventud no es más que cuestión de aire puro, comer poco y trabajar mucho.



No se si voy a poderme recuperar de semejante noticia, voy a necesitar mucho tiempo para asimilarla y para tomar una decisión en consecuencia. Mientras, como podréis figuraros, mi ánimo, que ahora mismo se arrastra por el suelo, me impide cumplir con mis obligaciones laborales diarias de hoy, como me gustaría.



Ya veis, a los que os gusta trabajar os ha tocado la lotería, y a los que como yo, no estamos dotados de ese don, ! ya quisieramos ! , hoy es un día triste, por eso y aún sabiendo al riesgo que me expongo, creo que paso de hacer nada, hasta el lunes por lo menos.