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305. Lunes, 29 Marzo 2004



Capítulo Tricentésimo quinto: ¿Por qué a "la masa" siempre se le rompe toda la ropa excepto los pantalones?



Soy de los que confían ciegamente en que la humanidad progresa y avanza de forma imparable, qué nada ni nadie va a poder entorpecer que exista cada vez, un mundo más justo, un mundo mejor.



Si ya llegó ese glorioso día donde la lógica y la justicia establecieron que, de las dieciséis horas que cualquier persona normal está despierta al día, sólo se podían trabajar la mitad de ellas, no hay que perder la esperanza en conseguir, más pronto que tarde, lo que el más mínimo sentido común está reclamando: de siete días que tienen una semana trabajar la mitad: tres y medio. De doce meses que tiene el año trabajar la mitad: seis



Es de justicia y de razón.



Sólo así, las personas decentes, honradas y trabajadoras conseguiremos equilibrar las injusticias que ahora se cometen con nosotros y podríamos dedicar el tiempo imprescindible para realizarnos como parte integrante de una comunidad social sin tener que perder nuestras propias señas de identidad.



Mientras eso llega, empieza la cuanta atrás para las mini-vacaciones de semana santa, me quedan cinco días para mentalizarme y poder llegar a ellas en plenas facultades.

La primera medida va a ser no cansarme, no hacer ningún esfuerzo, tomarme estos días laborales "prevacacionales" de una manera completamente relajada. Toca semana de reflexión, mirar al cielo, pasear por los pasillos, charlar animadamente con los compañeros alrededor de una café.



Ya tendré tiempo de cansarme en las vacaciones.