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  374. Lunes, 2 Agosto, 2004

 
Capítulo Tricentésimo septuagésimo cuarto: ¿Por qué siempre se acaba el cartón de la leche o el del zumo cuando el vaso está a la mitad?

Me cuenta una mujer, y sin embargo amiga, con la que comparto de vez en cuando churros en el desayuno, y, siempre que puedo, largas conversaciones, que mi "misoginia" crónica, no es más que un problema de miedo.

Según su teoría, que va argumentando entre porra y porra, las mujeres me producen ese temor por una razón muy clara: son superiores a los hombres en todos los sentidos.

Resulta que nos han estado vendiendo la historia cambiada, que la verdadera, la que todos los sabios del mundo saben, es muy distinta a la que enseñan "oficialmente", pero que por alguna extraña conspiración de intereses, ninguno se ha atrevido a contar.

Según sus "informes", el principio de todo es "ligeramente" distinto a la versión que todos sabemos:

Caminaba Eva por los jardines del paraíso con una expresión bastante deprimida. En ese momento oyó la voz de Dios:

-¿Qué es lo que no va bien en tu vida?

Eva dijo que no tenía con quien hablar. Dios, que quería verla contenta, le dijo que podría crear un compañero, al que llamaría hombre.

-Haré lo que esté en mis manos para que no sigas sola -continuó Dios-, pero no puedo prometerte mucho, ya que a ti te di lo mejor, y no debo crear dos cosas iguales. Esta nueva criatura será incompleta, ya que tendrá una costilla
menos que tú. Mentirá mucho, y cuando se sienta inseguro, tendrá una actitud arrogante.

-¿Ninguna virtud?

-Estoy pensando. Tal vez, para que no tengas que preocuparte de la alimentación, él será más hábil a la hora de correr tras los animales. Sin embargo, no te extrañe si, antes de podértelos comer, tienes que escuchar una serie de historias sobre su destreza y coraje.

-Por lo menos, terminará con la monotonía de este paraíso -dijo Eva.

-Cierto, pero será muy infantil, y encontrará placer en cosas muy tontas, como pelear y darle puntapiés a una pelota.

-Aun así, todavía es mejor que pasarse el día entero sola -insistió Eva.

Dios reflexionó por unas instantes y dijo:

-Está bien. Pero, como además de todo eso será muy vanidoso, tengo que poner una condición.

-¿Y cuál es esta condición?

-Tendrás que dejar que piense que él fue creado primero.