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  435. Jueves, 18 Noviembre, 2004

 
Capítulo Cuadringentésimo trigésimo quinto: "Un egoísta es aquel sujeto que se empeña en hablarte de sí mismo cuando tú estás muriéndote de ganas de hablarle de ti. (Jean Cocteau, 1889-1963)

No, las tragedias de los ritos navideños no se reducen sólo al "apuro" de la nochevieja de hace dos post, ni mucho menos. Hay más, muchos más.

Hoy: el misterio de las "divertidas" comidas navideñas de empresa, que no le gustan a nadie.. pero a las que casi todos se apuntan.

Cómo uno no tiene bastante con las horas diarias viendo las mismas caras, venga, unas cuantas más de camaradería y buen-ambiente-laboral en uno de esos restaurantes recomendado por la mujer de un primo del de administración y que está muy bien de precio.

Desde luego esos son los que de verdad se forran con la coña esta.

Siempre es igual, se come mal pero se bebe a saco, lo cual, mezclado con el repentino afán navideño, acaban formando una explosiva combinación que empieza a manifestarse cuando el "simpático" de recursos humanos, ese que te ha estado todo el año tocando las narices, propone jugar al inevitable "amigo invisible".

Y es más o menos por aquí cuando empieza la verdadera esencia de estas comidas: los "ejercicios de aproximación". No son pocos los "compañeros" a los que la efusividad navideña les ha nublado su rigor habitual y se dejan llevar por sus impulsos de camaradería para "cortejar" a la última que ha entrado con contrato temporal, esa tan "buena" que se pinta la raya del ojo por dentro, no te digo más nada.

Y según avanza la comida la cosa se va animando.

No falta el que entre plato y plato se empeña en hacer una demostración de karaoke cantando a pelo la discografía completa de Camilo Sesto, el que se suelta la pluma mientras se empeña en imitar a los Village People, o que salga a flote la verdadera personalidad de la recatada señora de la centralita, convertida en una provocativa tigresa empeñada en que los demás vean, precisamente ahora, sus "tesoros" tan guardados el resto del año.

Pero lo mejor es el día siguiente, cuando ya desciende por "evacuación" casi todo el fervor navideño y las cosas vuelven a la rutina.

Es entonces cuando más de uno se pasa la mañana concentrado a ver como le explica al chico nuevo, ese jovencito de vaqueros tan ajustados que trabaja en contabilidad, que cuando le dijo lo de "te lo comería entero" se estaba refiriendo a su envidiable-espíritu-navideño, que él está casado y muy bien casado, quiere mucho a su mujer, y de mariconadas, las justas.