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  454. Viernes, 17 Diciembre, 2004

 
Capítulo Cuadringentésimo quincuagésimo cuarto: "No te acerques a una cabra por delante, ni a un caballo por detrás, ni a un tonto por ningún lado". (Maria de la O T., 68 años, jubilada y especialista en viajes del Imserso a Benidorm)

Ser el hermano intermedio marca.

En el primogénito, por aquello de la novedad, se suelen volcar con todo su ímpetu y más, los padres, los abuelos, los tíos y hasta la vecina soltera del quinto derecha.

El tercero (si lo hay), que suele nacer varios años después, no deja de ser "el juguete" familiar que siempre llega en "el mejor momento".

Pero los segundos, que ni somos la novedad ni tenemos vocación de regalo de reyes, tenemos aprender a valernos por nosotros mismos mucho antes que los demás y casi siempre por nuestra cuenta.

Pura supervivencia.

Quizá por eso, con las lógicas excepciones, seamos más independientes y estemos más acostumbrados a hacer las cosas por nosotros mismos, pidiendo ayuda, solo, en contadas ocasiones.

Y sí, todo este rollo tiene una explicación, leo en una revista que la soprano estadounidense Kathleen Battle yendo en su limusina, llamó a su "manager" muy disgustada para que éste, a su vez, telefoneara al chofer para que bajara el aire acondicionado.

Tras el disgusto, la señora se dio un baño de leche de burra para recuperarse del sofocón.

Claro que me da a mí que esta más que primogénita, que también, simplemente es idota, aunque ambas cosas no tienen por qué ser incompatibles, claro.

Hasta el lunes.