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  443. Martes, 30 Noviembre, 2004

 
Capítulo Cuadringentésimo cuadragésimo tercero: "Siempre que dudo entre dos perversiones, eligo la que no he probado" (Mae West, Actriz, 1892 - 1980)

El sexo, que como casi todo lo que hacemos día a día está hecho de pequeñas cosas, no se lleva nada bien con la rutina.

Por eso, cualquier método que sirva para no caer en la rutina es como para no desperdiciarlo.

Hoy, y en exclusiva para los lectores de "tantos hombres y tan poco tiempo" una técnica muy poco conocida, pero tan fácil de poner en práctica como efectiva: "el beso de la mariposa".

La cosa no puede ser más sencilla, se trata de utilizar las pestañas para estimular las partes más sensibles de la pareja: pezones, labio superior, planta de los pies o cualesquiera que cada uno mismamente prefiera.

Lo que en realidad se estimula son los pequeños pelos, casi microscópicos, que existen en la piel, y que se "excitan" cuando se parpadea muy rápidamente encima de ellos, transmitiendo esa excitación por todo el cuerpo.

Y si uno es incapaz de conseguir el efecto deseado, unas cuantas plumas (que en eso algunos gayses -y algunos otros que no lo son pero que también las tienen, podríamos jugar con ventaja), son un sustituto de lo más útil.

Pd. Ahora que me estoy imaginando en la situación .. !vaya mariconada de "método"! .. y de post