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  479. Martes, 1 Febrero, 2005

 
Capítulo Cuadringentésimo septuagésimo noveno: Es bueno dejar la bebida, lo malo es no acordarse dónde". Celia P., 38 años, (Ayudante técnica de limpieza y bebedora excesiva regular)

Hay una cicatriz que todos tenemos (bueno cuenta una extraña leyenda que a Hitchcock se la quitaron en una operación, pero eso es otra historia), es la que se origina por el corte del cordón umbilical: el ombligo.

Ombligos hay de todos los tipos, tamaños y condiciones y todos los que lo han "probado" saben que es una de las mejores zonas erógenas para estimular en según y qué momentos.

Pero más que del propio ombligo, quería yo hablar de su contenido.

Hay por ahí un premio , el "igNobel", que se concede a las investigaciones más absurdas que se realizan, siempre que estas sean científicas.

La verdad es que vista la cantidad de estudios extraños a los que se dedica el personal, (el de "tocar los "güevos" era una buena muestra) deben de tener difícil la cosa, pero en el año 2002 fue premiado, y con todo merecimiento a mi entender, Karl Kruszelnicki, la gran autoridad mundial cuando se trata de hablar de hablar de la pelusa umbilical.

A este buen hombre, pedagogo de profesión, no se le ocurrió otra cosa que estudiar el contenido de cinco mil ombligos que se presentaron voluntarios.

Conclusiones: dos tercios de los ombligos tenían pelusa; un tercio de ella resultaba ser de color azul aunque su color dependía mucho de la ropa que usara el poseedor del ombligo.

Era mucho más frecuente en personas obesas y, generalmente, la cantidad de pelusa acumulada en la cicatriz era proporcional a la de vello umbilical, es decir, a más pelo, más pelusa.

Y por semejantes conclusiones, que le costaron cinco años de "duro" trabajo, le dan un premio y se hace famoso.