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  494. Martes, 22 Febrero, 2005

 
Capítulo Cuadringentésimo nonagésimo cuarto: "La única razón por la que muchas familias no poseen un elefante es que nunca les han ofrecido un elefante por un dólar menos y cómodos plazos mensuales" (revista Mad Magazine)

Jamás llevo reloj pero pocas veces en mi vida he llegado tarde a algún sitio.

Sin embargo, y como soy consciente de que en este caso el raro soy yo, que menos que compartir unas cuantas "excusas" que puedan suavizar el tan "desagradable" impacto de llegar tarde.

Cuando la cosa no es muy grave, bastará con soltar, de una forma lo más profesional posible, eso de "he ido a arreglar unas cosas a hacienda", frase esta que despertará los sentimientos de pena y/o de acojone en quien recibe la disculpa y que hará que se olvide rápidamente del retraso.

Existe una versión más "suave", recurriendo al "vengo del médico", también muy socorrido, pero que tiene un problema añadido, despues seguro que algún morboso preguntará sobre la salud de uno, algo que no siempre es conveniente.

Pero cuando el "retraso", por la causa que sea, va a tener graves consecuencias, no valen las soluciones blandas.

Es justo en esos momentos cuando se debe usar toda la artillería y pasar a la acción sin ningún miramiento.

Lo más práctico: romperse uno mismo la ropa y darse algún que otro puñetazo. Después hay que llegar gimoteando y soltar con cara de lástima, de mucha lástima, eso de "..me lo han quitado todo.. hasta el regalo que te traía..."

Es radical, lo sé, pero se trata de situaciones extremas y funcionar, al menos un par de veces en la vida, por persona, funciona.