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  497. Viernes, 25 Febrero, 2005

 
Capítulo Cuadringentésimo nonagésimo séptimo: "La liberación femenina no se conseguirá hasta que una mujer pueda tener tripa y ser calva, y seguir pensando que es atractiva para el sexo opuesto. (Earl Wilson 1907-1987, guionista de televisión estadounidense)

El olfato, junto con el "común", es uno de los sentidos que peor me funciona, pero hay veces que el olor que desprenden algunos individuos, cuándo sus bacterias descompuestas y malolientes deciden hacer fiesta en la axila, clama al cielo.

Que levante la mano el que no conozca alguno de estos casos desentendido de la limpieza más básica y al que cualquiera es capaz de "detectar" mucho antes de que entre por la puerta.

Ya sé que lo del mal olor puede considerarse toda una tradición cristiana, española y decente: La "extraña" costumbre musulmana de abluciones diarias hizo que la práctica de lavarse fuera considerada poco menos que una herejía y si lo hacías, te podían confundir con uno de esos infieles que ¡se lavaban!.

Incluso alguien tan héroe y respetable como "El Cid" era temido, además de por su espada y su valor, por su muy "caballeroso" olor.

Pero hasta las mejores y más gloriosas tradiciones pueden evolucionar, digo yo.

La pregunta es ¿qué puede hacer que una persona viva en perfecta fraternidad con sus semejantes sin darse cuenta de que huele igual que un camión de estiércol?

¿Es un cerdo y no le importa o, simplemente no sabe que apesta?

¿Cómo decirle a alguien que huele mal, precisamente que huele mal?

En esas andamos. Hasta el lunes.