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  531. Viernes, 22 Abril, 2005

 
Capítulo Quingentésimo trigésimo primero: "Evitar los impuestos es el único esfuerzo intelectual que tiene recompensa" (John Maynard Keynes, 1883-1946, economista británico)

A pesar de estar a fin de mes no hay que desesperarse, aunque seamos pobres -que lo somos- también podemos ir este fin de semana "hechos un pincel".

Bastará con rebuscar un poco en la nevera. Así, como suena.

Ya los egipcios y los romanos eran unos "artistas" del tema a la hora de usar todo tipo de desodorantes, cremas, suavizantes, tónicos y demás "cosméticos" elaborados con ingredientes completamente naturales: albayade (blanco de España) y tiza para aclarar el rostro, harina y mantequilla para curar espinillas y erupciones cutáneas, piedra pómez mezclada con orina de niño para blanquear los dientes, loción de amapola para suavizar la piel del rostro o una mezcla de vinagre, arcilla y corteza de encina macerada con limón para endurecer los pechos.

El poeta satírico Juvenal menciona en uno de sus escritos el "sudor de lana de oveja" como una excelente crema de noche, algo mucho más natural y mucho más barato que ponerse cualquier crema de belleza moderna, cremas que al fin y al cabo suelen llevar el mismo "curioso" elemento, aunque ahora para ser más "correctos" llamen al susodicho "sudor", lanolina.

Enrique VI popularizó una pomada perfumada elaborada con manzanas y grasa de perro joven con la que se embadurnaba y el Barón de Dupuytren era adicto a un crecepelo que elaboraba con 150 gramos de virutas de boj maceradas durante dos semanas en 300 mililitros de vodka, a la que luego añadía 50 de extracto de romero y 13 de extracto de nuez moscada.

María Antonieta combatía el acné, al que era muy propensa, con la crema que resultaba de cocer a fuego muy lento, leche, limón natural y brandy mientras que la Duquesa de Alba (la que retrató Goya) se colocaba cada mañana una mascarilla hecha con cuatro claras de huevo batidas y cubiertas con agua de rosas, llevadas a ebullición y espolvoreadas después con 15 gramos de polvo de alumbre (una especie de sal) y 7 de aceite de almendras.

Un poco de imaginación y una nevera medianamente surtida bastan para hacer de la cocina un completo instituto de belleza con vistas a triunfar el fin de semana.

Manos a la masa. y hasta el lunes.