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  557. Miércoles, 1 junio, 2005

 
Capítulo Quingentésimo quincuagésimo séptimo: El secreto de un matrimonio feliz es perdonarse mutuamente el haberse casado. (Sacha Guitry, 1885-1957, actor y director de cine francés).

El tramite no puede ser más sencillo.

La pareja, después de pedir cita (por cierto que tardan más de dos meses en dártela) comparece, acompañada de dos testigos mayores de edad, ante el funcionario de turno.

Requisitos: ser solteros, viudos, divorciados o separados con sentencia judicial, llevar viviendo juntos "de forma libre, pública y notoria" un periodo interrumpido de 12 meses, y que no medie vínculo de parentesco entre sí.

Pues mañana, jueves, dos de junio, y después de veinte años menos un mes y tres días de coexistencia en pecado con el mismo hombre, voy a pasar, con mi hermano y mi cuñada de rutilantes testigos, por el registro de parejas de hecho.

Por convicción personal huyo como alma que lleva el diablo de todo lo que signifique atarse burocráticamente a alguien, pero comprendo que "pareja" es cosa de dos y "ceder", después de tantos años de "tira y afloja" sobre una cuestión tan "sensible" como alejada en su "filosofía" para ambos, (él, firme partidario, yo, acérrimo detractor) es el mejor "regalo" que podría (y me apetece) hacerle.

También es verdad que ya era hora.

Eso sí, esta "inscripción", que a efectos prácticos apenas si sirve para una mínima rebaja en algún extraño impuesto, es lo máximo que estoy dispuesto a "ceder".

Que el "matrimonio" lo carga el diablo.

Mañana estaré en otros menesteres, hasta el viernes pues.