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  566. Miércoles, 15 junio, 2005

 
Capítulo Quingentésimo sexagésimo sexto: "Come poco, cena más poco; que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago". (Miguel de Cervantes Saavedra, 1547-1616, escritor español)

Estoy seguro que todo viene del tamaño. Es demasiado pequeño (como -casi- todo en mí), para que no se resienta cuando alguna vez tiene que soportar un esfuerzo mayor al que está acostumbrado.

Me duele el estómago

Ayer me pasé comiendo (acostumbrado al alpiste, un cañamón puede ser suficiente para alborotarlo) y hoy lo estoy pagando.

He recurrido al botiquín y como era de esperar se ha cumplido a rajatabla el refrán: "en casa del herrero cuchillo de palo".

Y como "a falta de pan buenas son tortas", me pongo a pensar en remedios caseros que pudieran aliviarme, al menos hasta que la "química" pueda cumplir su cometido, y me acuerdo de cuando nos hicieron estudiar (mira que nos hacen estudiar chorradas) los métodos que usaban los médicos ingleses de los siglos XV y XVI, unos verdaderos expertos en "fabricar" remedios usando materiales de andar por casa:

Para el dolor de cabeza, ponerte la ropa de un colgado en la cabeza. Para el reumatismo, llevar la piel de un burro. Para el dolor de oreja, mezclar el líquido del estómago de un conejo e intestinos de zorro y ponértelo en la oreja. Para el asma, comer huevos de rana...

Pero para el dolor de estómago.. nada.

Por una vez y sin que sirva de precedente (espero) venir a trabajar además de ser un problema, es una solución y el "Deprece-1 G. 45 COMPR. MASTIC. - 4.63.-eur. i.v.a. no incluido. Muestra gratuita prohibida su venta", ya empieza a hacer su efecto.

Menos mal.