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  575. Martes, 28 Junio, 2005

 
Capítulo Quingentésimo septuagésimo quinto: "No es que tenga miedo a la muerte. Es tan solo que no quiero estar allí cuando suceda" (Woody Allen, 1935, actor y director de cine estadounidense)

Decía el emperador y filósofo Marco Aurelio que morir era, ante todo, un engorroso "cambio de residencia".

A lo que habría que añadir que, como cualquier otro cambio de residencia, cada vez resulta más costoso. Especialmente para quien tiene que pagar la factura (y que no suele ser precisamente el muerto)

Por eso, y en la habitual línea práctica de "tantos hombres y tan poco tiempo", aquí van un par de ideas, (como siempre sobradamente probadas y debidamente documentadas), con las que sacarse algunos euros extras ante la nunca deseable (pero segura) visita de la parca.

Algo que a buen seguro nos ayudará a sobrellevar tan difícil momento. Los duelos con pan son menos.

Si uno no es demasiado escrupuloso para estas cosas lo mejor es usar las técnicas que se "trabajan" (con excelentes resultados) algunas tribus de indios del Orinoco, en Venezuela: cuelgan los cadáveres en una especie de hamaca durante una semana, y con los líquidos que gotean de ellos en el proceso de descomposición, fabricaban un licor que dicen tener propiedades mágicas.

Se lo quita de las manos.

Si en cambio hay alguien con algún reparo a la hora de manipular directamente un "fiambre", (bastante más cómodo de manejar que un "vivo" y lo digo por experiencia) tampoco hay que desesperarse. Existe un amplio abanico de "artículos" con los que podemos hacer negocio y que cuentan, además, con la garantía de llevar "comercializándose" toda la vida.

En la Edad Media, las ejecuciones de presos eran la fuente de un particular mercado negro; se comerciaba con las sogas de la horca, que se suponía que poseían abundantes virtudes curativas.

También con el sebo de los ahorcados, para fabricar velas que, según se creía, podían alumbrar tesoros ocultos; y con la mandrágora, planta considerada la panacea contra todas las enfermedades, que crecía, según creencia popular, al pie de los patíbulos, regado con el semen de los ahorcados.

Naturalmente y dada la "complejidad técnica" de encontrar a finales de junio de 2005 algún "ahorcado" o sus "complementos", bastará con "vender" algunos artículos parecidos a los originales usando el convenientemente marketing.

Al fin y al cabo si como dicen las estadísticas en España se gastan al año 12 millones de euros en satanismos y magias negras, mal tiene que ponerse la cosa para que algún crédulo no sea capaz de comprarnos un trozo de poto a precio de oro pensando que es una mandrágora regada con los restos del último "homenaje" que se corrió (y nunca mejor dicho) un ahorcado. Digo yo.

Creo que necesito unos días de vacaciones ya.