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  592. Miércoles 24 agosto, 2005

 
Capítulo Quingentésimo nonagésimo segundo: "No entiendo a la religión. ¿Por qué, si el sexo es tan malo para el alma y la salud, sólo debo practicarlo con alguien a quien ame? ¿No debería ser al revés?" (Stephen Hannock, 1951, pintor estadounidense)

El inglés William McIloy se sometió a lo largo de su vida, entre 1906 y 1983, a más de 400 intervenciones de todo tipo. Estuvo internado en más de 100 hospitales -bajo 22 nombres falsos- y el periodo más largo de su vida que estuvo sin hospitalizar fueron seis meses.

En 1979 convocó una rueda de prensa para decir públicamente que estaba harto de tanto hospital y se recluía en un asilo geriátrico.

Sí, bueno, este pobre hombre padecía el Síndrome de Munchausen, nombre que los psicopatólogos dan al irrefrenable deseo de recibir asistencia médica, pero el dichoso síndrome lo padece una (u-na) de cada tropecientas mil personas.

Por eso, y antes de andar molestando al personal (que a buen seguro tiene cosas más importantes que hacer) no estaría de más pasarse por la farmacia y pedir una caja de aspirinas -1,2 centímetro de diámetro, 6 milímetros de grosor y 0,650 gramos de peso cada una- cuando uno empieze a notar que le duele algo.

Y dejar así de marear tanto (y más a estas alturas de agosto) a los sufridos, sacrificados y nunca suficientemente valorados (y peor pagados) trabajadores, que tienen que desatender sus sanos y virtuosos entretenimientos para atender a tanto "gaita" como hay suelto.