. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

tantas cosas para no hacer y tan pocas vacaciones 6

 
Desde muy pequeñita la Marquesa de Sevigné había sido una acérrima defensora del chocolate, producto que ella misma devoraba sin control y en cualquiera de sus formas.

Pero un mal jueves de mayo de 1671 a la pobre marquesa se le fue la mano y por su glotonería, sufrió un empacho del que tardó casi una semana en recuperarse.

Por culpa de aquel "incidente", la desdichada señora pasó de ser la gran defensora del chocolate, a considerarlo como el causante de casi todos los males de la humanidad.

Su teoría sobre lo prejudicial del susdicho manjar se vio confirmada cuando su gran amiga, la Marquesa de Coetlogon se quedó embarazada y la muy inconsciente, a pesar de su estado y de las recomendaciones de su amiga para que dejara de beber aquel producto del diablo, lo continuo consumiendo.

El resultado lo cuenta la propia Marquesa de Sevigné unos cuantos meses después:

 ".. por su soberana inconsciencia y por hacer caso omiso a mis buenos consejos, tomó tanto chocolate cuando estaba en cinta, que dio a luz a un niño negro".

Era la prueba que demostraba, de una vez por todas, como aquel brebaje amargo traído de otros mundo y al que empezaron llamando xocoatl, no era más que un producto del diablo, por más que en la corte se murmurara que, precisamente el año anterior a ese nacimiento, a la Marquesa de Coetlogon le llevaba el chocolate un esclavo africano muy cariñoso.