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  611. Miércoles, 21 septiembre, 2005

 
Capítulo Sexcentésimo undécimo: "No hay nada nuevo bajo el sol, pero cuantas cosas viejas hay que no conocemos". (Ambrose Bierce, 1842-1914, escritor estadounidense)

No se ponen de acuerdo los entendidos del tema sobre el origen del "beso".

Para algunos etólogos surge como un gesto que realizan las hembras de los mamíferos cuando limpian y miman a sus crías. Para otros es simplemente una derivación de cierto comportamiento habitual en algunos animales: el de transmitirse la comida boca a boca.

Cualquiera podía pensarse que en cuestión de personas "humanas" lo de besarse está sólo relacionado con la hipótesis del cariño y los mimos. Pues no. O al menos no sólo. Consciente o inconscientemente lo de trasmitir "alimentos" boca a boca también está muy presente.

La cosa no llega al extremo de aquel chiste en el que una pareja de novios se estaba besando románticamente en un parque cuando ella le dice: "cariño, me has pasado el chicle", y él le contesta: "No mi amor, es que tengo catarro". Pero la cosa no anda lejos.

En un beso "a tornillo" normal y corriente uno da y recibe el siguiente contenido:
40.000 parásitos
250 tipos distintos de bacterias
0.7 gramos de proteínas
0,45 gramos de grasa
0,19 gramos de otras sustancias orgánicas.

Aunque compensar, compensa, casi mejor vivir en la ignorancia.