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632. Viernes, 21 octubre, 2005

 
Capítulo Sexcentésimo trigésimo segundo: "El amor es como la salsa mayonesa: cuando se corta, hay que tirarlo y empezar otro nuevo" (Enrique Jardiel Poncela, 1901-1952 escritor español)

Una de las mayores preocupaciones de casi todos los padres en estos tiempos que corren es intentar adivinar, por el método que sea, a que se van a dedicar sus hijos cuando sean mayores.

Prueba evidente, otra más, que demuestra lo mucho que nos gusta -en esta parte del mundo- complicarnos la existencia dándole vueltas a cosas que otros ya solucionaron.

Y que bastaría con imitar.

Cuando en China o Corea un niño celebra su primer cumpleaños se le organiza una gran fiesta, una fiesta a la que están invitados todos los familiares del pequeño.

Los padres colocan al bebé en el centro de una habitación mientras cada uno de los invitados va dejando, alrededor de él, los obsequios que han traído, unos obsequios que siempre tendrán que ver con el deseo de cada familiar para con el futuro del niño.

Cuando todos están ya colocados se hace un silencio y se produce una tensa espera: el primer regalo a por el que vaya el niño será la infalible señal que indicará lo que él va a ser de mayor.

Naturalmente una vez solucionado tan engorroso problema ni los padres ni el resto de los familiares, volverán a preocuparse más de un asunto que ya queda solucionado.

¡Cuánto nos falta por aprender para poder alcanzar un mínimo de paz espiritual como la que respiran otros pueblos!

Hasta el lunes.