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643. Martes, 8 noviembre, 2005

 
Capítulo Sexcentésimo cuadragésimo tercero: "La imaginación es el ojo del alma". (Joseph Joubert , 1754-1824, moralista francés).

Seguro que todo fue una impresión mía, seguro. Al fin y al cabo el chico tampoco tiene la culpa de estar en esos cinco minutos tontos que todos hemos tenido alguna vez cuando empiezas a estar enamorado.

Malditas las ganas que teníamos ninguno de conocerla, pero claro, el pobre tenía tanta ilusión en presentarnos a su nueva "novia" que ayer, cuando ella pasó a recogerle, ya no hubo manera de escaquearnos del asunto.

¡Qué menos que tomarte un café con los "afortunados"! Al fin y al cabo entraba dentro del horario de trabajo.. y perder el tiempo durante ese tiempo es sagrado.

La señorita en cuestión se empeñó en saludarnos con un apretón de manos, hasta ahí bien, pero la cosa empezó a preocuparme cuando aquello se hacía interminable y no sólo no soltaba mi mano sino que me había agarrado por el brazo con la otra dándome toda la impresión de haber caído en un cepo. Atrapado sin salida por una mujer, lo último.

Los diez minutos siguientes demostraron que la ley de la relatividad es cierta. Apenas fueron eso, diez minutos, pero la cantidad de tonterías que los "recién enamorados" pudieron hacer delante del resto, fue antológica; desde entrelazarse los vasos como si fuera un brindis cada vez que bebían la cerveza, hasta simular un par de peleas sobre quién quería más al otro, imitando unas voces infantiles que habrían hecho sentir vergüenza hasta a los mismísimos dobladores de los Teletubbies.

Pero lo peor estaba por llegar, resulta que ella había empezado una bitácora para contar, minuto a minuto, todos los detalles de la relación incluyendo imágenes "photoshopeadas" de cómo serían los hijitos con él.

Empiezo a plantearme seriamente si esto de los blogs no será una peligrosa arma de destrucción masiva.

O quizá sólo estoy perdiendo romanticismo. No sé.

Hasta el jueves, que mañana 9 celebramos "celebración".. y con todo el gusto del mundo.