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651. Lunes, 21 noviembre, 2005

 
Capítulo Sexcentésimo quincuagésimo primero: "Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad". (Pearl S. Buck, 1892-1973, novelista estadounidense)

Está a punto de empezar el espectáculo, durante el próximo mes, y con la disculpa de los "regalos navideños", el almacenamiento de cosas inútiles se va a disparar.

No sólo tenemos ya todo lo que necesitamos sino que, además, nos sobran un montón de cosas.

Nos sobran jabones, colonias, champúes, hidratantes, exfoliantes o antiarrugas. Aparte de no servir de nada, de la mayoría nos cansamos antes de llegar a la mitad del frasco y acabamos abandonándolas en cualquier cajón.

Nos sobran un montón de aparatos eléctricos, la licuadora apenas si la usamos el día que nos la regalaron. La yogurtera, el exprimidor, el abrelatas, los dos afilacuchillos eléctricos y hasta el molinillo de café, están durmiendo el sueño de los justos, que para eso es mucho más cómodo comprar un zumo envasado, los yogures en la oferta tres por dos o el café ya molido.

Nos sobran un montón de pantalones, camisas, zapatos, guantes, bufandas, corbatas, y una larga lista de ropa que lo único que hacen es ocuparnos sitio en el armario y que, por aquello de la moda, ahora no nos lo pondríamos ni para una fiesta de disfraces.

Nos sobran un montón de gafas de sol, de bisutería, de bolígrafos que no escriben, de plumas sin tinta, de relojes sin pila o de móviles sin batería, por no hablar de la cantidad de discos y cintas que, por aquello de dejar paso a las "nuevas tecnologías" han quedado completamente inservibles.

Y sobre todo nos sobran calorías, muchas calorías, precisamente una de las cosas que más nos van/vamos a regalar estas navidades.

¿No estaremos haciendo un poco el tonto?