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664. Lunes, 12 diciembre, 2005

 
Capítulo Sexcentésimo sexagésimo cuarto: "No hay cosas sin interés. Tan sólo personas incapaces de interesarse". (Gilbert Keith Chesterton, 1874-1936, escritor británico).

Una vez establecido contacto, pongamos que el ligue es amable y te acaba invitando a su casa a comer, (al menos en principio, comida). Después del "¿puedo tocar?", segunda parte del "donde fueres haz lo que vieres", versión "¿cómo como?"

Si llegados esos momentos queremos que la comida sea el preludio de otras "comidas" posteriores, conviene no defraudar al exótico anfitrión conociendo sus costumbres.

Algunas tan extrañas como las de los coreanos, donde lo educado es hacerse de rogar varias veces antes de sentarse a la mesa, o las de Jordania, donde es práctica habitual rehusar por dos veces la invitación a servirse de un mismo plato, pero sólo dos veces: hay que decir sí a la tercera o te quedarás sin comer.

En todo occidente se presenta la mesa con cubiertos, pero así como en los países anglosajones es costumbre dejar la manos en el regazo cuando no se está comiendo, en el resto se considera de muy mala educación.

También está muy mal vista la costumbre española de probar otros platos; y en Francia concretamente es un "pecado" mojar pan en la salsa

En África y Asia comen con las manos, pero, atención, sólo con la derecha y con tres dedos a lo sumo. Nunca hay que frotar los palillos uno contra otro entre las manos de un hogar asiático porque creerán que piensa que le han puesto unos baratos.

Cuidado con las comidas y cenas en Rusia si se tiene el hígado delicado. A cada dos por tres hay que levantarse y tomarse un chupito de vodka porque alguien hará un brindis.

Así como en Europa y Norteamérica es de buena educación terminar lo pongan en el plato, no sucede lo mismo ni entre los lapones ni en el mundo árabe, en donde es conveniente no comérselo todo porque luego no tendrían qué comer los niños y los criados. En Indonesia se aconseja dejar algo en el plato para indicar que no se quiere más.

Los eructos en Australia no están mal vistos, pero sí en Europa; y en el mundo árabe son sinónimo de que se está satisfecho. Para demostrar que le ha gustado la comida, en Portugal debe besar el dedo índice y, con éste y el pulgar frotarse la oreja.

Visto lo visto, casi mejor dedicarse al producto "nacional", a ver si con tanto ringorrango luego no podemos concentrarnos en el "postre".

Tengo sueño.