. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

  536. Viernes, 29 Abril, 2005

 
Capítulo Quingentésimo trigésimo sexto: Las canas son un reflejo de la edad, no necesariamente de la sabiduría (Mateo J. 62 años, payaso de circo)

Por estas cosas de los calendarios -de vez en cuando hay justicia-, hoy empieza un tan merecido como pequeño "puente", que en Madrid y gracias a los franceses, durará un poquito más.

Son sólo cuatro raquíticos días para no hacer nada, una miseria comparados con los 22 años seguidos (entre 1960 y 1982) que se pasó el faquir hindú Mastram Bapu (algo así como "Padre Contento" y no me extraña), sin moverse del mismo sitio: una cuneta de la aldea india de Chintra.

Son sólo cuatro raquíticos días para no hacer nada, una miseria comparados con los 17 años seguidos (desde 1955 hasta noviembre de 1973), que se pasó de pie el swami hindú Manjgiri Maharaj cumpliendo una penitencia que él mismo se impuso, en Shahjahanpur (en el estado indio de Uttar Pradesh) y en los que su único descanso, que aprovechaba para dormir, era apoyarse en una tabla.

Y todavía hay quien dice que "menuda suerte" tener cuatro días para no hacer nada.

Desde luego, no hace falta ser muy Einstein para entender que la ley de la relatividad existe.

Hasta el miércoles.