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675. Miércoles, 4 enero, 2006

 
Capítulo Sexcentésimo septuagésimo quinto: "A una mujer nunca debe faltarle un buen par de zapatos con tacones asesinos" (Donatella Versace, 1959, diseñadora italiana)

Aunque me parece una de las cosas más aburridas del mundo no tengo nada en contra de aquellos capaces de pagar dinero por ir a ver un partido de fútbol.

Al fin y al cabo es de sentido común reconocer el derecho a la eutanasia mental de quienes libremente así lo decidan.

De todas formas y teniendo en cuenta la fortuna que tienen que gastarse en una simple entrada los aficionados, no estaría de más que, tirando de la historia, los esforzados futbolistas ofrecieran algún aliciente añadido que justificara tan elevado precio.

De los aztecas, por ejemplo, que ya practicaban un deporte parecido pero mucho más "animado": cuando el partido era importante (digo yo , es un suponer, lo que vendría a ser un Madrid-Barcelona) se jugaban no sólo la gloria de ganar, sino también la cabeza de sus capitanes, de tal manera que el susodicho del equipo perdedor era decapitado y expuesto, junto con otros que habían corrido la misma suerte, en las gradas del estadio.

La entrada seguiría siendo cara, pero el espectáculo, al menos en variedad, ganaría bastante.