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680. Jueves, 12 enero, 2005

 
Capítulo Sexcentésimo octogésimo: "Bromear es una de las cosas amenas de la vida, pero cuesta muchos años de aprendizaje" (Lyn Yutang,1895-1976, escritor y filólogo chino)

En 1905, hace ya más de cien años, un desconocido inspector en una oficina de patentes de Berna, Albert Einstein, publicaba, con tan sólo 26 años, una serie de artículos en los que proponía respuestas a hechos observados experimentalmente en laboratorios a los que los grandes físicos de la época habían sido incapaces de encontrar explicación.

Uno de sus más importantes logros fue establecer el "Principio de relatividad". Este principio dice, más o menos, que para todos los objetos y observadores situados en sistemas de referencia inerciales, -aquellos que permanecen en reposo o se mueven con movimiento rectilíneo uniforme-, las leyes de la física deben ser iguales.

Es decir que si estamos quietos o nos movemos a velocidad constante (por ejemplo en un tren, un barco, un avión, ...), cualquier fenómeno físico que observemos lo describiríamos con la misma ley, sin tener en cuenta si estamos en reposo o en movimiento.

Abreviando y aunque no sea exactamente así (alguna que otra cosa "absoluta" también hay): "todo es relativo".

Una afirmación que la práctica se encarga en demostrar día a día.

En 1943, la Corte Suprema de Minnesota (concretamente el caso Dittrik contra el Condado de Brown) acusó a un hombre de 43 años, al que todos sus vecinos tenían por "brillante, capaz y buen trabajador", de ser un psicópata sexual debido " a su extrema voracidad sexual que le está llevando a tener relación coital con su esposa unas tres o cuatro veces por semana durante el ultimo año".

Una prueba evidente de relatividad pura y dura espacio/tiempo/energía.

O algo así.