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710. Jueves, 23 febrero, 2006

 
Capítulo Septingentésimo décimo: "Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender". (Marie Curie, 1867-1934, física francesa)

En aquel momento uno se lo tomó a guasa. Una guasa más de las que soltaba aquel señor para hacer la clase más distendida. Sin embargo la experiencia se ha encargado de demostrarme (como tantas otras veces) que aquella afirmación estaba cargadita de razón: decididamente somos idiotas.

No importa que tengan el mismo principio activo, que contengan la misma dosis o que, incluso, tengan un mismo nombre comercial: los medicamentos cuyas cápsulas o pastillas sean de color rojo o negro curan más.

Somos tan sugestionables que la forma, el tamaño, el color y hasta el precio de los fármacos determinarán un mayor o menor efecto del mismo.

Así, un medicamento compuesto por pastillas o cápsulas de color "blanco", de un tamaño mediano y de un precio "bajo", suele ser percibido por quien lo recibe como mucho más "débil" que uno que contenga pastillas o cápsulas rojas o negras, de un tamaño grande (o muy pequeño) y un precio elevado. Además, las cápsulas amarillas será percibida por la mayoría de los enfermos como "estimulantes", mientras que las azules o las verdes les darán sensación de "tranquilidad".

Y lo que es peor, si al recetarlo el médico alaba las ventajas del producto "vendiéndoselo" al paciente como "muy potente" y "muy complicado" en su forma de actuar, está comprobado que su eficacia aumenta entre un 25 y un 75%

Decididamente somos idiotas..