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735. Viernes, 31 marzo, 2006

 
Capítulo Septingentésimo trigésimo quinto: "Si tuviese mi mano cerrada llena de verdades, me guardaría muy bien de abrirla". (Bernard Le Bouvier de Fontenelle, 1657-1757, escritor francés).

Estaba yo pensando que ser vigilante nocturno del corteinglés debe de ser un autentico chollo. Seguro que pagan poco, seguro que el horario es criminal, pero es uno de los pocos trabajos en los que se puede llegar a cumplir uno de los sueños que tenemos la mayoría de las personas "humanas": coger lo que quieras, pasar por delante de la caja sin pagarlo y que nadie te diga nada.

Vale, sí, lógicamente no vas a coger la tiara de diamantes con incrustaciones de platino en oro blanco de la sección de joyería, (seguro que alguno de los encargados acabaría notando su ausencia, seguro). Pero ¿alguien se pone a contar cada día los bombones que venden al peso en su sección de pastelería?, ¿se pueden dar cuenta si uno se trae de su casa unas pilas usadas y las cambia por unas nuevas?, ¿se notaría si a cada tarrito de Christian Dior le faltara un poco de crema revitalizante con coenzima Q-10?

Y es que hasta en estas cosas hay clases, que no es lo mismo pasear por los amplios pasillos de la "planta-tercera-ropa-de-caballero" con millones de cosas que puedes probarte sin que nadie te moleste y volverlas a dejar en su sitio, que ser vigilante nocturno en una ex-tienda de "todo a cien" en la que lo más moderno que puedes hacer es probar la última colección de imitaciones de perfumes famosos para salir oliendo a ambientador de cine (que qué mal huele el ambientador de los cines...¿verdad?)

Dicha la chorrada de hoy y aprovechando el fin de semana, va (aunque no sea norma de la casa) recomendación . Hay libros que son como bloques de anuncios: en veinte segundos te cuentan una historia con planteamiento, nudo y desenlace. Acabo de releer uno de ellos que hacía unos años que ya había devorado: "Por favor sea breve", de Ana María Shúa. No me he resistido a volver a copiar aquí una de sus historias !completa!

"!Arriad el foque!, ordena el capitán. !Arriad el foque! repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés! repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana! grita el capitán. ¡El palo de mesana! grita el segundo. Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio".

Hasta el lunes.