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888. Jueves, 4 enero, 2007

 
Capítulo Octingentésimo octogésimo octavo: "El dinero es como las mujeres: para conservarlo hay que ocuparse de él, o hará la felicidad de otros" (Édouard Bourdet, 1887-1945, dramaturgo francés)

El hecho de que aquí, el peluche, necesite un mínimo de nueve/diez horas cada día para poder ser "persona" no podía ser sólo cosa de mi habitual vagancia. Ni mucho menos. Tenía que haber alguna razón lógica y natural. La he encontrado.

Los mamíferos, en los que por aquello de las clasificaciones científicas me incluyen, necesitan más horas de sueño cuanto más pequeños son.

Los datos dejan pocas dudas: a una jirafa le bastará con dos al día para cubrir el "cupo" de horas necesarias de sueño, mientras que una ardilla no podrá pasarse menos de 14 durmiendo.

Es cuestión de tamaño: una rata duerme 13 horas mientras que a un caballo le basta con 3; una foca necesitará 6 mientras un perro o un delfín van a necesitar no menos de 10.

Y así todos. A menor tamaño, mayor número de horas de sueño necesarias.

Por lo tanto, y teniendo en cuenta lo funcional que soy ("recogidito" que decía mi abuela), con un componente "volumétrico" bastante más cercano al de una ardilla que al de una jirafa, está claro que mi afición a dormir no es más que el desarrollo natural y lógico de la naturaleza. Habría que dejarla seguir su curso sin tantas interferencias. Por cierto, esta semana mi naturaleza está más vaga que de costumbre. No la forcemos.