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895. Lunes, 15 enero, 2007

 
Capítulo Octingentésimo nonagésimo quinto: "Por desgracia, el deber no coincide siempre con el interés (André Maurois 1885-1967, novelista y ensayista francés)

Aguantar al jefe es una necesidad por la que a uno le pagan, -poco, muy poco- , pero aguantar las tonterias continuas del gracioso de turno, -en todos los trabajos hay un gracioso de turno-, es algo que te acaba desquiciando más que ver al monstruo de las galletas comiéndose una caja de polvorones.

Cada tonto laboral -como en todos los espacios- tiene su especialidad y a mi me ha tocado todo un artista en rimas: invariablemente y hables de lo que hables, acabará la frase soltándote una imbecilidad a tono con la terminación de tu última palabra, o en su defecto haciéndote una pregunta para que el pueda desplegar todo su arte : ¿quién sabe cómo se llamaban los hermanos que iban con Colón a América? Vale, uno se pone pedante y responde lo más rápido que puede lo de "...pues los Pinzones," mientras él salta redondeando la jugada con un "..pues tócame los cojones."

El mecanismo es siempre el mismo, uno pronuncia una palabra que acaba en "ones" y el tio siempre intenta que lo repitas con la excusa de no haber entendido. Cuando dices alto y claro algo como melones, jamones o balcones, ya no tienes escapatoria. Por mucho cuidado que uno le ponga siempre acaba haciendo la gracia.

Y el problema no sólo está en las palabras terminadas en "ones", sino que es capaz de hacer impresionantes rimas con palabras que acaban en "ito", "ota", "ajo", "ino" y -!faltaría!-, su favorita: en "olla".

Aunque su especialidad son los números, es un verdadero maestro en preguntar la hora cuando sabe perfectamente que faltan cinco minutos para algo y todo un juglar en cuanto se pronuncia el número ocho. La experiencia es lo que tiene.

Además ha desarrollado un mecanismo por el que siempre te acaba cogiendo, si ve que durante tres frases seguidas no ha podido soltar ninguna de sus estupideces, acabará hablando de algo como, por ejemplo, el "danismo" con el único motivo de que le preguntes ¿y qué es el danismo"?, a lo que eufórico y con la mejor de sus sonrisas te lo aclarará: "..un huevo colgando y el otro lo mismo".

Hay lunes en que en lo único que se te viene a la cabeza es lo agusto que se está en la cama y todo lo que tienes que aguantar por una mísera -muy misera- de sueldo.