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901. Martes, 23 enero, 2007

 
Capítulo Noningentésimo primero: "Hay muchas personas que no saben perder a solas el tiempo y son el azote de las que tienen ocupaciones". (Edgar Allan Poe, 1809-1849, escritor norteamericano)

Parece que no les basta con reducir hasta límites casi imposibles los metros cuadrados útiles de las viviendas. Además nos engañan cuando las miden. Y naturalmente a su favor.

Lo explica un muy ilustre investigador, David Bodanis, que en su libro "Los secretos de una casa" revela como la luz del sol, tras atravesar sin mucha dificultad la pintura, llega a los ladrillos de las paredes dilatándolos algo que, unido a que con el calor el techo también se eleva, hace que, en su conjunto, la casa se expanda varios centímetros cúbicos. Tanto más cuanto más caliente el sol.

Por supuesto, por la noche los materiales vuelven a su sitio, pero ¿cuántos de los que se dedican a medir y tasar pisos te hacen las mediciones a esas horas? Unas horas que son, precisamente, las más beneficiosas para el hipotecado propietario y las peores para ellos. ¿Sólo es una casualidad?

Vale, sé que sólo son unos cuantos centímetros cúbicos pero con el tamaño que tienen hoy las casas y al precio que se pagan, cualquier milimétrico milímetro, por pequeño que sea, es una pasta.

La próxima vez que intenten medirte la casa que sea en una fría noche de invierno. Por lo menos.