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958. Lunes, 23 abril, 2007

 
Capítulo Noningentésimo quincuagésimo octavo: "Querida, vivimos en una época de transición, dijo Adán mientras acompañaba a Eva fuera del Paraíso" (William Ralph Inge, 1860 - 1954, escritor inglés)

Para la mayoría de personas levantarse de buen humor por las mañanas requiere casi el mismo esfuerzo que podrían necesitar para ver una película sueca subtitulada en latín.

Pero existe una gran diferencia, mientras lo de la película sueca sólo les pasa a los pobrecitos que se creen que para presumir de algo es obligatorio haberlo hecho, levantarse cada mañana nos toca -obligatoriamente- hacerlo a todos. Y además, todos los días.

Yo comprendo que exista gente a la que le guste. Están en su derecho. El problema empieza cuando lo imponen a los que no queremos. Es ahí donde deberían de empezar nuestras protestas. De forma calmada, sí, pero contundente. Quien quiera levantarse que se levante, completamente de acuerdo, pero otros reivindicamos el mismo derecho a no hacerlo.

La libertad hay que aceptarla en todas sus consecuencias y, si como dicen los mandamases, quedarnos en la cama cuando nos apetece implica dejar de cumplir unas obligaciones por la que se supone que nos pagan, será responsabilidad del gobierno, como garante de velar por la libertad individual, quien tendrá la sagrada obligación de cubrir nuestras bajas. Todo antes que menoscabar nuestra libertad individual.

Hay reivindicaciones que son de justicia y ya llegará el día en que se consideren irrenunciables. Mientras, los comprometidos con la causa seguiremos luchando contra viento y marea, aunque sea en medio de la absoluta incomprensión general.

Y en un lunes como hoy donde todos los de mi pueblo están de fiesta, más. Tengo mucho sueño y -aunque no voy armado- soy peligroso.