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971. Lunes, 14 mayo, 2007

 
Capítulo Noningentésimo septuagésimo primero: "Haría cualquier cosa por recuperar la juventud... excepto hacer ejercicio, madrugar, o ser un miembro útil de la comunidad" (Oscar Wilde, 1854-1900, dramaturgo y novelista irlandés.)

Lo decía Sara Montiel cuando, en la boda con su último marido -bastantes años más joven que ella-, le preguntaban el por qué si siempre le habían gustado los hombres más mayores que ella esta vez se había "enamorado" de alguien mucho menor. "Verán", dijo poniendo su habital cara de la muñeca pepona abuela de Mariquita Pérez, "es muy fácil de explicar, a mi edad ya me resulta imposible encontralos más mayores... salvo en el cementerio".

Laboralmente empiezo a estar en la misma situación. Con la edad que uno tiene ya, resulta lógico que el nuevo flamante director del departamento de nueva creación -sin nombre ni función conocida- tenga menos años que yo. Y antes de seguir hay que dejar claro que, por supuesto, el que no se sepa para qué va a servir el susodicho departamento es tan anecdótico como que el tío en cuestión sea hermano de la amante del jefe que más manda. Por mas que les guste hablar a las lenguas de doble filo, la vida tiene esas casualidades.

De todas formas y como la gente es muy mala, yo que él tendría cuidado. Más sabe el diablo por viejo que por diablo.
- Un granjero compra un gallo joven para el corral. El animal entra en la granja y camina altivo hasta el gallo viejo y le dice: "llegó la hora de retirarte". El viejo le contesta "no vas a poder con todas estás galinas, déjame al menos un par". Pero el joven le replica: "Piérdete, ahora mando yo". El viejo le propone: "Vamos a echar una carrera por la finca. El que gane se queda con el gallinero". El joven se echa a reir: "Sabes que vas a perder, pero te voy a dar ventaja". El gallo viejo arranca a correr y 20 segundos después sale el joven . Rodean la casa y a pesar de la ventaja incial, cada vez están más cerca uno de otro. Ya está a un metro del viejo y se acerca más y más. Mientras tanto, el granjero, sentado en el portal, ve a los dos corriendo. Agarra la escopeta y -¡pamm!- le dispara al gallo joven y lo hace trizas. El granjero sacude la cabeza y dice: "Jo. Qué mala suerte la mía. Es el tercer gallo maricón que compro este mes".
Y mañana, San Isidro. Hasta el miércoles pues.