. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

982. Miércoles, 30 mayo, 2007

 
Capítulo Noningentésimo octogésimo segundo: "Tengo gustos simples. Me satisfago con lo mejor" (Oscar Wilde, 1854-1900, dramaturgo y novelista irlandés)



Un baturro de cierto pueblo aragonés marchó a Zaragoza, a la fiesta, con el ánimo de vender 100 panderos. Al pasar por un puente de piedra, se le cayó uno de ellos, tomó la dirección de un remolino, y al futuro vendedor le hizo gracia ver cómo el panadero, tras de girar vertiginosamente, desaparecía hacia el fondo. Para ver si los otros panderos repetían la graciosa desaparición, fue arrojando al agua, uno tras otro, los noventa y nueve restantes. Los presentes le preguntaron qué diversión hallaba en aquello, que anulaba su negocio. Y el baturro les contestó "más vale un gusto que cien panderos".

Desde luego, cada uno está en su derecho de divertirse como mejor le venga en gana. Sólo faltaría.