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991. Martes, 12 junio, 2007

 
Capítulo Noningentésimo nonagésimo primero: "General, tenga cuidado con su hija. Ha intentado sentarse sobre mis rodillas cuando yo estaba de pie". (Humphrey Bogart en "El sueño eterno", Howard Hawks, 1946)

Aunque llevo muchos años escuchando argumentos a favor y en contra del doblaje de películas, yo siempre me he declarado un entusiasta de las versiones originales. Eso sí, solo para un género: el porno.

Y es que el jadeo es un arte que ni el mejor doblador metido en escena puede soñar con reproducir. Por muy bueno que sea. Un "do it harder", un "I´m coming!" o el simple "come on" dicho en plena función es tan inimitable como intentar vender un perfume con aromas a olor de los pies descalzos al amanecer.

La razón es sencilla: los gemidos son involuntarios, la presión sanguínea durante el orgasmo puede alcanzar el doble de lo normal y para mantener semejante ritmo los pulmones tienen que inhalar más oxígeno; para que esto ocurra se abre la boca, se dilatan las aletas de la nariz y se acaban soltando gemidos o gruñidos que quien más y quien menos ha comprobado en sus propios oídos.

Me gusta el porno, pero cuando veo una doblada no puedo dejar de pensar en los pobres señores en un estudio de doblaje diciendo "!hazmeló más fuerte!", "!me voy!" o el simple "sigue así" entre sorbo y sorbo de café pensando en la comida del domingo con la suegra, la cuñada, los niños y la paella.

Hay que reconocer que no es lo mismo. Hasta los más entusiastas del doblaje lo tienen que entender Y si alguno aún alberga alguna duda que vea cualquier película porno china doblada al castellano, algo tan erótico como lo que habitualmente jadean en ellas "!chun!", "!chun!", "!chun!", tiene la traducción al español de ¡"primavera!", ¡"primavera!", ¡"primavera!".

Como para vestirse y acabar en misa de doce.