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996. Martes, 19 junio, 2007

 
Capítulo Noningentésimo nonagésimo sexto: "Siempre que aceptes mis puntos de vista, estaremos totalmente de acuerdo (Moshé Dayán, 1915-1981, militar y político israelí)

Cada vez que llega el verano, y por lógica el calor, nos "bombardean" con un montón de consejos para poder soportarlo de la mejor manera.

Y todos los veranos son más o menos los mismos: beber más agua (¿cada vez aumentan más la cantidad "recomendada" o sólo me lo parece a mí?), no salir a la calle en horas "punta", ducharse varias veces al día, usar ropa ligera y holgada, de fibra natural y colores claros, no beber alcohol o, mi recomendación preferida y que suelo intentar cumplir a rajatabla aunque no siempre dan facilidades para que así sea: no realizar actividades físicas como deportes o trabajos que requieran esfuerzo. ¿Habrá algún trabajo que no requiera esfuerzo?

Además, y aparte de estas "recomendaciones" oficiales, todos sabemos algunos "truquitos" más de andar por casa para conseguir que la cosa no llegue a mayores: un buen abanico, pasar la tarde en la sección de "sofases" del Ikea o el carrefour (siempre más a mano), aparcar el culo en la fnac si tienes la suerte de tener alguno cerca o, simplemente, consultar precios en la sección inmobiliaria de los anuncios por palabras de cualquier periódico con la seguridad de que te vas a quedar completamente helado.

Pero ya que estamos en la era de lo "natural" y lo "ecológico", no estaría de más que explotáramos más los mecanismos que posee el propio cuerpo destinados a rebajar la temperatura.

Dos de ellos son conocidos e involuntarios: la vasodilatación periférica (dilatación de los capilares para aumentar la zona de intercambio de calor con la superficie), y el sudor, cuyo objetivo fundamental es evaporarse y enfriar la piel.

Sin embargo hay un tercer "mecanismo", gran desconocido a pesar de ser habitual en la naturaleza, sobre el que sí podemos tener un cierto (sólo un "cierto") control en el caso de que decidamos ponerlo en practica.

Un método especialmente usado (además de una forma habitual) por animales tan simpáticos y tan poco "sospechosos" como los halcones o las cigüeñas. Animales que comparten la misma característica: el hábito de defecar en sus patas para refrescarse.

Y no conviene decir "de este agua no beberé". La naturaleza es sabia.