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998. Jueves, 21 junio, 2007

 
Capítulo Noningentésimo nonagésimo octavo: "La prudencia es una solterona rica y fea, cortejada por la incapacidad". (William Blake, 1757 - 1827, poeta y pintor inglés)

Lo leo en una curiosa Guía del Xenófobo que circula por ahí hablando de los españoles: "perdón y gracias son palabras que apenas se usan. Nadie espera que una persona se disculpe si se equivoca. A los españoles esas cosas les parecen artificiales o forzadas. Cuando están contentos, lo demuestran; cuando no están contentos, apenas se esfuerzan por ocultarlo".

Algo de razón tiene este señor inglés. Cuando uno viaja se da cuenta que por los extranjeros las personas repiten las palabras gracias y por favor tantas veces que es casi un acto reflejo al que no dedican ni un segundo de reflexión. Aquí, en cambio, el valiente que se atreva a decir gracias un par de veces, se la juega. Si es una mujer, se la catalogará inmediatamente como "esa cursi" y un hombre se convertirá para siempre en "el estirao". Porque el españolito medio que se precia sabe que la buena educación no es un síntoma de respeto hacía los demás, ni un código de cortesía universal. Qué va. La buena educación es una tontería como la copa de un pino. Quien alardea de tenerla es un impresentable. Y además un pijo.

Y ese es el quid de la cuestión de los modales patrios. Si hay algo que un español considera un insulto peor que mentarle a la madre, es que le llamen pijo. Mientras en otros países hay personas que sin el menor reparo se autoproclaman supermegapijas (ahí están la señora de Beckham, doña Victoria, o Paris Hilton sin ir más lejos), hacer lo mismo por estos pagos es una temeridad.

De todas formas los guiris nos podrán considerar ruidosos, groseros, poco fiables, vagos, mal pensados e incapaces de aceptar una crítica. Pero los raros son ellos. Si no hay más que verles. Hay que tener cuajo para dar las gracias y encima en inglés. Thank you por aquí y thank you por allá y thank you por acullá. Qué gente tan empalagosa. Y encima van comiendo por la calle y en el metro y en el autobús, tan contentos. Y nos llaman groseros. A nosotros, La paciencia que hay que tener. Si es que los españoles, de puro buenos que somos, parecemos tontos.