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1005. Lunes, 2 julio, 2007

 
Capítulo Milésimo quinto: "Vivir es como estar viendo una película maravillosa ante la que continuamente me pregunto como va a seguir el argumento" (Gregorio Klimovsky, 1922, matemático y filósofo argentino)

Por lo visto, en el Canadá, según dice la prensa, un laboratorio ha logrado un producto que puede resolver el problema de los plastas que se pasan la vida persiguiéndote. Quien los tenga, claro.

Se trata de una ampolla de cristal, con una sustancia extraída de glándulas de mofeta, cuyo olor es tan asqueroso e insoportable que uno tiene que salir huyendo. Las primeras en usarlo están siendo las chicas canadienses que llevan la ampolla oculta en el sujetador; si se produce un momento de peligro rompen el cristal con una simple presión de los dedos y el baboso tiene que salir huyendo, y aun suponiendo que resistiera, tampoco pasaba nada: el olor es tan repugnante que actúa en sentido inverso a un afrodisíaco. De forma que, ya está, las chicas a continuación, se dan un buen baño y colocan otra ampolla en el sitio adecuado. Práctico y sencillo ¿verdad?

Las mofetas usan este olor para defenderse de sus enemigos, y parece razonable que los demás podamos hacer los mismo. ¿No empleamos perfúmenes carísimos para atraer a los hombres? Pues esto es parecido, sólo que al revés.

Es lunes y estoy a un pasito de la primera tanda de vacaciones... tampoco se puede pedir más.