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1018. Viernes, 24 agosto, 2007

 
Capítulo Milésimo decimoctavo: "Nada define mejor a los seres humanos que su voluntad de hacer cosas irracionales buscando recompensas tremendamente improbables. Éste el principio que hay detrás de las loterías, las citas amorosas y la religión" (Scott Adams, 1957, humorista estadounidense)

Reconozco jugar con ventaja en todo lo que tiene que ver con eso que llaman la moral y las buenas costumbres. Por un lado está mi educación, completamente laica y bastante libertaria -directamente gamberra, vamos-, que hace que mis prejuicios en este campo queden reducidos a una mínima expresión. (Pero muy mínima, muy mínima.)

Por otro (y por si acaso, que uno es de ciencias y le enseñaron a no fiarse de nada) tengo enchufe con el que dicen que es el jefe del tinglado al estar emparentado por línea directa (y además dedoble) con él. O al menos eso dicen ellas, las dos hermanas de mi padre que se metieron a monjas. Y si ellas presumen de tan peculiar situación no seré yo quien las acuse de bigamia. Mi tío me libre.

Por eso, digo yo, que ante una situación de emergencia, mal se tienen que poner las cosas por aquellos mundos de dios -y nunca mejor dicho-, en el que dicen que todo es bondad y compasión, para que no funcione un mínimo de endogamia y, en un apuro, mis amadísimas tías no hablen con su marido y me busque algún rinconcito celestial. Y eso a pesar de llevar tantos años revolcándome en el vicio, el pecado y la depravación . La familia está para las ocasiones.

Claro que nunca sabe uno cómo acertar. Se pasan la vida contándote la cantidad de castigos que vas a tener en tu eterna eternidad si sucumbes al pecado, -algo que, por cierto a mi, criatura precoz para (casi) todo, me pasó antes de cumplir los quince-, y sin embargo no te ofrecen detalles concretos de tan apasionante tema; una mínima información para que uno pueda decidir con conocimiento de causa. A ver, se me ocurre así de repente un ejemplo, está claro que los masoquistas son unos viciosos pecadores, entonces ¿los castigos que van a tener que sufrir cuando lleguen al infierno -y por toda la eternidad- no van a ser para ellos un premio? ¿Es así como quieren que se aparten del camino de la perdición? ¿Recompensando su vida disoluta y pecadora con más pecado?

Ahora que todo tiende a la especialización digo yo que no estaría de más que estos señores, tan aficionados a decir lo que está bien y lo que está mal y tan dados a condenar a todo el que no hace lo que ellos dicen que hay que hacer, personalizaran un poco más sus castigos no sea que a más de uno le salga mucho más a cuenta pasarse la vida pecando. Como en el chiste aquel en el que un hombre por defraudar en el impuesto sobre la renta fue condenado a pasar una larga temporada en el infierno con una mujer horrible. Dos años después se encuentra con un amigo que había defraudado más dinero que él. El amigo vivía con una mujer más fea todavía. Los dos, resignados a su destino, se quedan a esperar el final de la sentencia. De repente, en uno de los caminos al paraíso se encuentran con un tercer amigo, que estaba con una chica inteligentísima y bellísima, capaz de matar de envidia a cualquiera. -¿Pero de dónde has sacado esa belleza? -le preguntan. -No tengo ni la menor idea -responde el amigo. -Sólo sé que cada vez que nos besamos, ella grita: "¡Maldito impuesto de la renta!"

Hasta el lunes.