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1026. Miércoles, 5 septiembre, 2007

 
Capítulo Milésimo vigésimo sexto: "Los regalos inútiles son los únicos que parecen regalos, por eso los niños siempre prefieren las tonterías a los regalos caros" (Jacinto Benavente, 1866 - 1954 dramaturgo y director, guionista y productor de cine español)

Mes de cumpleaños, empieza los interrogatorios. La misma pregunta de todos los años, la misma respuesta de todos los años y la misma frase para cerrar la conversación de todos los años: ¡es que no hay forma de regalarte nada!

Sé que es muy feo no ser agradecido a los regalos que le hacen a uno; aunque no sean acertados, hay que agradecer la intención. Eso es lo que me enseñaron de pequeño y es lo que he procurado mantener. Pero empiezo a estar harto de que me regalen cosas inútiles

De todas formas, reconozco que nunca he sido fácil para regalarme. Y cada vez peor. Sirva de disculpa que he llegado a una edad en que tienes todo lo que necesitas -y además necesitas menos que a otras edades- y por eso mismo es más difícil acertar. No fumo, no bebo, no sé conducir, no me gustan las plumas (las que escriben), aún me quedan cinco botes de Farenheit (de la media docena que cayeron estas navidades) y todavía tengo el móvil de tercera mano, aquel que iba a tirar - por antiguo- mi sobrino cuando le compraron uno con pantallita a color.

Difícil, muy difícil, lo sé, y más cuando a todo el mundo que me pregunta le digo que no se molesten, que el único regalo que me gustaría desenvolver para pasarme la tarde jugando con él, sólo lo venden a escala. Y claro, no es lo mismo jugar con bomberos de plástico -por muy pintados a mano que estén o muy de Lladró que sean- que con los del cuerpo original.

Y ya si entramos en las cuestiones de las mangueras, mejor ni hablamos.