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1068. Martes, 6 noviembre, 2007

 
Capítulo Milésimo sexagésimo octavo: "La persona que no comete una tontería nunca hará nada interesante." (Proverbio inglés)

Por mucho tiempo que pase, por más que sus descendientes -con el único fin de que olvidáramos la cruel y miserable humillación a la que por su culpa nos vimos sometidos- intenten lavar su imagen inventándose algún que otro merito literario, nosotros no olvidamos. El responsable de la tan inhumana como brutal vejación por la que quien más y quien menos tuvimos que pasar un nefasto día de nuestra vida, tiene nombre propio: Frances Hodgson Burnett.

Semejante personaje publicó en 1885 "El pequeño Lord", novela sobre un protagonista verídico, el lord infantil Fauntleroy, cuyas ilustraciones popularizaron la imagen de un niño que iba siempre vestido de forma emperifollada y hasta presumía de tener en su ropero un uniforme de la marina.

El gran éxito que obtuvo con su "brillante" relato instauró la costumbre de que, los hijos varones de las familias acomodadas primero, y del resto después, hicieran la Primera Comunión vestidos de uniformes.

Él es el culpable último de algunas de las más espeluznantes, terroríficas y aterradoras imágenes que nunca debieron producirse... pero que están ahí para escarnio y vergüenza de sus obligados protagonistas. Yo incluido.

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