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1073. Miércoles, 14 noviembre, 2007

 
Capítulo Milésimo septuagésimo tercero: "Después de que se ha hecho y dicho todo sobre el asunto... siempre llega alguien que quiere saber qué fue lo que pasó" (Nicolás P. 32 años, operario de obras urbanas)

Una leyenda qatarí afirma que, cuando graniza, las ostras suben a la superficie para atrapar los granos de hielo y hacer perlas con ellos.

Conviene dejarse sorprender por el misterio. Siempre. Incluso si sabes que tiene truco. Basta con añadir a la mañana una buena dosis de imaginación y... !voilà!, estaremos más cerca de conquistar el mundo. Nuestro mundo. Que no será el más perfecto, pero es el único que tenemos. Un mundo que ya empieza a oler a Navidad... y a toda la magia de sus tradiciones.

Las comidas, cenas, meriendas, y pausas variadas con los compañeros laborales deseándoles a todos feliz año nuevo (cuando de verdad lo que te apetece es decirles que son unos gilipollas integrales). Comer. Tocar la zambomba. Ponerle adornos a un pobre árbol hasta que se parezca al hermano hortera de la burbuja freixenet. Los niños de San Ildefonso, las voces de los niños de San Ildefonso, el traje de los niños de San Ildefonso, todos los niños de San Ildefonso. Discutir sobre la eterna cuestión: ¿la nochebuena con tus padres o con los míos? Comer. Las lucecitas. Más lucecitas. Jugar al amigo invisible con los cuernos (los del reno de papanoel) puestos. Comer. El espumillón. Aguantar las broncas familiares alrededor de los langostinos después de la primera copa. Más espumillón. Y más espumillón. Padecer el mensaje del Rey (¿por qué no se calla?) Comer. Sonreír continuamente, (las cámaras digitales son los mayores aliados de las arrugas de expresión). Comer. El ruido de los petardos, el humo de los petardos, los restos de los petardos, todos los petardos. Curarse los chichones producidos por los caramelos que tiran en la cabalgata (a dar, tiran a dar). Criticar el maquillaje de Baltasar. Protestar por lo seco que está el roscón. Sufrir el concierto de Año Nuevo después de una sesión de villancicos (con unas letras que elevan a la categoría de obra profunda el aserejé). Añusgarse con las condenada uvas. Gastar la (escasa, muy escasa, ridícula) paga extra en regalos para los demás mientras a uno siempre le regalan la misma colonia ".. eres difícil.. como no fumas”, comer...

Suma y sigue. Ya empieza a oler a Navidad. Y mucho.

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