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1081. Lunes, 26 noviembre, 2007

 
Capítulo Milésimo octogésimo primero: "He estado percibiendo la fuerza de la gravedad desde que era una niña" (Cameron Diaz, 1972; actriz estadounidense)

La mayoría de los prospectos, manuales de instrucciones, normas de funcionamiento o informaciones varias que traen (casi) todos los productos en su interior, parece que están destinados sólo para gente con aspiraciones al Nóbel. Sin embargo, las etiquetas que suele haber impresas en la caja, por fuera, suelen estar redactadas a prueba de bobos. Normal, antes de comprar algo, uno sólo lee lo que pone en la caja. Y los bobos somos más.

El caso es que hay unos señores abogados americanos que han formado una asociación, la Michigan Lawsuit Abuse Watchpara, con el fin de elegir a las etiquetas más ridículas. Las aspirantes han sido tantas que la cosa no ha resultado precisamente fácil.

Entre los ganadores, la leyenda "no utilizar para higiene dental" impresa en un cepillo para el pelo; un envase de pastillas para dormir con la advertencia "puede producir somnolencia" o un monopatín cuya etiqueta apunta: "!Cuidado! este producto se mueve cuando se utiliza".

Otro de los finalistas fue el texto de un cochecito de bebé que anunciaba: "Quite al niño antes de plegarlo" o el que figuraba en un paquete de velas de cumpleaños: "No utilizar como hisopos en el oído ni para cualquier función que implique la inserción en una cavidad del cuerpo".

... como si uno se fuera a meter velas de cumpleaños habiendo extintores.

¡Huy!, la última frase era sólo un pensamiento privado que -por alguna extraña razón- se ha materializado en el blog. Se ruega encarecidamente no leer.

Y, !por supuesto! muchas gracias a elpaseante