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947. Viernes, 30 marzo, 2007

 
Capítulo Noningentésimo cuadragésimo séptimo: "En amor, lo de menos son los insultos; lo grave es cuando empiezan los bostezos" (Enrique Jardiel Poncela, 1901-1952, escritor español)

Por alguna extraña razón las revistas dedicadas a los hombres no suelen regalar nada. En cambio, las dedicadas a la mujer, las "femeninas", son, en cada uno de sus números, un completo bazar que puede competir sin ningún problema con cualquier tienda de todo a cien: pendientes, zapatillas, bolsos, pareos, bufandas, colonias, bisutería variada... Hasta hubo una revista francesa, (Jalouse creo que se llamaba) que tuvo la -feliz- idea de regalar, con su número de diciembre, un vibrador. Los 50.000 ejemplares de la revista duraron menos que un caramelo a la puerta de un colegio. Normal.

Visto el resultado pensaba yo que alguna revista hermana de por aquí haría rápidamente lo mismo. Sigo esperando. Más tontos son ellos. El éxito estaría asegurado, que para eso el vibrador fue el quinto articulo para el hogar en ser electrificado. Después de la máquina de coser, el ventilador, la cafetera y la tostadora. Por algo sería.

Además, con un buen marketing, ni las mentes más púdicas, recatadas, decorosas y decentes iban a poder protestar. Al fin y al cabo basta con saber la verdad, que los vibradores (no confundir con los dildos, -consolarse a tracción manual es más viejo que la orilla del río-) empezaron a usarlos los médicos a finales del siglo XIX como un instrumento para curar la histeria femenina (y perdón por la redundancia) sirviéndose de ellos para provocar a las pacientes lo que llamaban un "paroxismo histérico" y consiguiendo así en aquellas pobres mujeres, una serie de beneficios terapéuticos que ninguna otra medicina les lograba provocar.

Unos beneficios, por cierto, que eran sospechosamente iguales a los que ahora dicen que produce un orgasmo. Pero vamos... ¿qué lúbrica mente puede llegar a ser tan retorcida como para pensar que el uso de un instrumento curativo recetado por los médicos, gente preparada y con años, años, años y años (y hasta algún año más) de estudio, pueda ser un pecado? Alguna mente enferma si acaso ¿Verdad? Hasta el lunes.