. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

1117. Miércoles, 30 enero, 2008

 
Capítulo Milésimo centésimo decimoséptimo: "El sol, el agua y el ejercicio conservan perfectamente la salud a las personas que gozan de una salud perfecta". (Noel Clarasó, 1899-1985; escritor español)

No lo digo yo, que podría sonar sospechoso dados mis antecedentes de furibundo fundamentalista antiesfuerzo inútil (léase gimnasias, deportes y torturas en general), sino gente mucho más principal. Y encima extranjera.

Según un estudio realizado por la Universidad de Virginia, hay que hacer 250.000 abdominales para quemar 500 gramos de grasa. O lo que es lo mismo: 100 abdominales al día durante siete años.

Además, tabletas de chocolate aparte, lo que no te cuentan es que los músculos que realmente se encargan de evitar el desparrame de la barriga no son sólo los músculos abdominales, sino unos que se encuentran un poco por debajo de ellos, los llamados transversales, que se pueden fortalecer de una forma mucho más sencilla: cada vez que estás cómodamente sentado en un retrete te dedicas a meter el ombligo lo máximo que puedas y lo mantienes así unos 20 segundos. Por supuesto, cuantas más veces repitas el ejercicio, mejor.

De todas formas comprendo que no nos cuenten las cosas como son. No me imagino yo a la mayoría de usuarios de esas salas de tortura con olor a linimento que llaman gimnasios, presumiendo de no poder quedar contigo hoy porque tienen que ir a sentarse en la taza de un retrete para hacer sus abdominales.

En fin. Ellos sabrán.

,