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1120. Lunes, 4 febrero, 2008

 
Capítulo Milésimo centésimo vigésimo: "Bienaventurados los que no tienen nada que decir y resisten la tentación de decirlo". (James Russell Lowell, 1782-1861; escritor estadounidense)

Ahora resulta (más bien ahora me entero yo, que supongo que siempre habrá sido así), que las termitas, chinches, hormigas o incluso las cucarachas, sus larvas y demás asociados, no sólo son comestibles, que eso ya lo sabíamos por los documentales de la dos que tanto nos ayudan en la siesta, sino que, además, su carne es tan sana y nutritiva como la del pollo, la de la vaca o la del conejo.

Si esto es verdad -y no sólo algo que se inventó el becario que redacta el horóscopo, responsable habitual de la secciones de ciencia y tecnología en los periódicos- lo del hambre en el mundo empezaría a no tener mucha explicación. Otra cosa no, pero el número de cucarachas, chinches y demás animalitos presuntamente proteicos, aumenta de forma directamente proporcional a la hambruna del país, es decir, que los países que más hambre pasan son los que tienen más y mejores recursos alimenticios.

Y aquí no valen los remilgos del asco y esas historias. En situaciones de emergencia uno se come hasta a su vecino si se deja. Que se lo pregunten a los supervivientes aquellos de los Andes.

Además tampoco parece que tenga mucho que ver la existencia de agua o vegetaciones varias para que abunde el alimento, todos sabemos como las cucarachas pueden vivir sin ver una sola planta en su corta vida. Eso sí, los que peor lo pasarían iban a ser los vegetarianos, suponiendo que exista alguno por esos lares, aunque me imagino que aplicando el refrán de "a buen hambre no hay pan duro" acabarían por inventarse alguna teoría en la que comer insectos más que de carnívoros fuera de "insectívoros", con lo que sus conciencias quedarían satisfechas y sus estómagos un poco más llenos.

Ya sabemos que el hombre es un animal muy adaptable, especialmente si le interesa.

Lo reconozco, hay días que la desesperación me lleva a decir tonterías como las anteriores. Releyéndolas me doy cuenta de que estar en el trabajo es uno de los factores de riesgos mas evidentes y peligrosos para el equilibrio emocional y la salud mental. Que lo prohíban. Pero ya.

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