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Lunes, 14 julio, 2008

 
19
"Al volante y en las playas, y quizá también en juegos como el póquer, es donde el ser humano muestra su verdadero rostro. Y una de las facciones predominantes de ese rostro -una especie de nariz- es la confianza en sí mismo o la ausencia de.

La confianza en uno mismo es como el embarazo. O se tiene o no se tiene. No hay medias tintas, ni graduaciones. Y una metódica observación a lo largo de muchos años, lleva a un número de conclusiones:

A. Los ricos tienen más confianza en sí mismos que los pobres. A los ricos, por ejemplo, no les importa nada que los tomen por pobres en un momento dado, mientras que los pobres se pasan la vida haciendo esfuerzos por no parecerlo y desde luego les horroriza que se les tache de. (Excepto si se trata de cobrar una indemnización o una subvención).

B. Los hombres tienen más confianza en sí mismos que las mujeres.

Ningún hombre concibe a priori que, habiéndose enamorado de una mujer, esa mujer no se sienta la más feliz del mundo o bien no esté también enamorada de él. (De hecho los hombres tienden a creer que todas las mujeres están, potencialmente, enamoradas de ellos).

Los hombres, cuando se ponen al volante de su coche, se sienten ricos y se comportan como tales. (O sea, A+B). No dudan un instante en que puedan cometer un error, o tomar una mala decisión. Siempre son los demás quienes cometen estos delitos. La confianza en sí mismos no es que crezca, es que se desborda:
-Pepe, te has saltado el semáforo en rojo -dice la mujer.
-Lo sé perfectamente, pero es que si freno, el memo que viene detrás se me incrusta en el maletero.
-Pepe, no puedes adelantar cuatro coches a la vez, hay una curva.
-No es mi culpa si el que va delante es un cagón y los demás son gilipollas. Puedo pasar perfectamente, sé lo que me hago.

En la playa, sucede igual:
-Pepe, en bañador se te nota la tripita que vas echando.
-¿Yo, tripita? Estoy en forma, el que tiene tripa es tu cuñado. Y tú, no sé como te atreves a llevar bañador, sinceramente.
-Pepe, siéntate en la hamaca, que me estás tapando el sol.
-Yo estoy donde tengo que estar, cámbiate tú de sitio.
-Pepe, ten cuidado al meterte, porque el agua está helada.
-¿Helada? Yo de pequeño me bañaba en invierno en los Picos de Europa.
-Pepe, ni se te ocurra llevar a los niños en el catamarán. No tienes ni idea de navegar.
-Cómo que no, naturalmente que sé navegar, no voy a saber yo. Lo que pasa es que el hijoputa del monitor quiere sacarme la pasta con leccioncitas de mierda.
-Pepe, no te metas con la zodiac en ese trozo, que parece que son algas pero pueden ser rocas.
-Sé perfectamente distinguir entre algas y rocas y puedo ir allí sin problemas. Como si fuera la primera vez que cojo una zodiac.
-Acabamos de embarrancar o como se diga.
-Es tu culpa, me distraes y me has quitado la concentración. "
Transmongoliano día 18: Pekín - Madrid