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Martes, 15 julio, 2008

 
... y 20
" Hay gente que piensa con el culo, y cuando se le ocurre una idea la peste que se arma es muy grande. Basta ver cómo va la vida. Somos finise-culares por analidad cronológica -o por asnalidad- porque nos tocó en la orden del día, por agenda, pero no por pensamiento. El pensamiento del principio de siglo es de una fetidez a huevo podrido que da pavor. Consumimos el amor, la amistad, la vida, la muerte, con la misma irresponsabilidad con la que devoramos solitarios, de pie frente a la nevera, una comida gélida pasada de fecha. Luego digerimos mal, la cena podrida se nos va al cerebro, y lo demás a los intestinos, es decir, las ideas sobre el amor, la amistad, la vida, la muerte van directo y sin escala a los pliegues traseros... Y ahí se evacua la mala digestión de la sabiduría de la vida. En fin, lo que los griegos, tan antiguos y tan graciositos ellos, llamaron filosofía. Los griegos decían que cuando estornudaban se les escapaban las ideas. Hoy las ideas huyen por el cornetín intestinal. Nos pasamos los días cagando pensamiento y cagando al pensamiento. Yo le echo la culpa al poder. Cualquier poder.

En mi opinión, el sustantivo poder, ese señor tan abstracto él, sentado lo mismo detrás de la taquilla del metro que no le sale de sus inmutables cojones contestar a tu pregunta de aterrorizado extranjero, como el despiadado ministro, o el hijodeputa jefe de Estado, de cualquier estado, sobándose sus huevitos por lo del aquello de su peso en oro; ese en fin, poder sustantivado, es lo que provoca que se cogite en diarreas grumosas, o en vómitos biliosos. La última plaga de cólera que hubo, a mi entender, es debido a los afanes de poder de cierta gentuza. Y todavía, de esta parte del planeta, la mierda que comemos se puede confundir con la mierda que pensamos, porque en otros sitios, léase África, unas cuantas zonas de América Latina, una islita del Caribe, y hasta el cuarto mundo europeo, el cólera se manifestó en eructos y pedos. Nada que comer, nada que pensar. Pero el hedor es el mismo. Porque la boca y el esfínter están estrechamente ligados. Por la boca muere el pez y Oscar Wilde, a la moraleja le faltó añadir que por el culo también, puesto que el inmenso escritor era dado a estos menesteres. Los del buen pensar, ¡ay, no sean malpensados!

En cualquier momento le saldrán almorranas a nuestro cerebro y defecaremos materia gris. No lo dudo cuando me entero de unas cuantas leyes de inmigración, cuando leo en listas negras nombres de ciudadanos sensatos, convertidos de la noche a la mañana en apestados. Faltaría más, y la quema de libros (lógicamente después de que sus verdugos los han leído a hurtadillas, disfrutándolos hasta botarse la más excelsa paja mental, digo, o de tirarse una deliciosa trompetilla en forma de siete).

Pero existe el verbo poder. Lo olvidamos con frecuencia por el poco uso técnico. O por el excesivo derroche verborreico conjugado en futuro. Todo el mundo cree que podrá en el porvenir hacer algo, cambiar las cosas, o a sí mismo. Y hay quienes de verdad pueden. ¡Qué casualidad, siempre son los poderosos los que pueden tirarse el peo más alto que el culo! Es decir, pensar y hacer de inmediato. Ejemplo: "Por mis cojones considero que tal persona es una mierda". Dicho y hecho. Ya eres una mierda ilustre, sólo porque el poderoso lo ha pensado. Y otra vez nos invaden los efluvios a letrina. Perdonen la insistencia en los testículos, pero para nadie es un secreto que con los ovarios se cuenta muy poco.

Creo que debiéramos reflexionar más en el verbo que en el sustantivo, a ver si inundamos el mundo de olores, a ver si el cerebro vuelve de nuevo a transformarse en un jardín, y las ideas afloran de él, y no se nos van al ojete. Los franceses, tan adelantados, por si acaso, se demoraron en instalar retretes americanos. Total, si sus reyes cagaban detrás de las cortinas, por algo era. Para poder pensar hay que saber elegir dónde esconderse."